Una conocida fotografía de Berenice Abbott fue el detonante para iniciar este proyecto fotográfico, centrado en el Puente Vizcaya -declarado Patrimonio de la Humanidad el 13 de julio de 2006- que he desarrollado desde finales de 2017 hasta el presente.
Siguiendo mis intereses artísticos -ligados casi siempre al entorno industrial de mi Bizkaia natal-, esta colección busca la abstracción en la estructura, dialogar con la geometría y el detalle del monumento, alejándose de las referencias urbanas en las que se ubica. Constituye así un exponente imprescindible en mi preferencia fotográfica: estructuras.
Con todo, considero de capital importancia en este proyecto el trabajo de documentación e investigación como fuente de inspiración en el desarrollo de la obra, creando interesantes relaciones entre sujetos de diversa índole: Ferdinand Arnodin y sus puentes transbordadores, la fotografía industrial de Germaine Krull, y la fotografía urbana de Berenice Abbott.
Llevo más de cincuenta años viendo el Puente Colgante. Lo he cruzado decenas de veces, ya desde pequeño con mis padres. Y, a pesar de que entre mis motivos fotográficos busco las estructuras metálicas, no lo había visto hasta ahora. Ya le había hecho algunas fotos hace años, pero no fue hasta final de 2017 cuando resolví abordar un proyecto sobre él en serio. Hay un texto de Giorgio de Chirico que me lo he aplicado más de una vez en mis incursiones fotográficas. Y en este caso se cumple plenamente. Dice:
[...] En una límpida tarde otoñal estaba sentado en un banco en el centro de la plaza de Santa Cruz, en Florencia. Naturalmente, no era la primera vez que veía aquella plaza. […] En el centro de la plaza se alza una estatua de Dante, vestida con una larga túnica, con sus obras pegadas al cuerpo y la cabeza, coronada de laurel, pensativamente reclinada [...]. El sol otoñal, cálido y fuerte, aclaraba la estatua y la fachada de la iglesia. Tuve entonces la extraña impresión de mirar aquellas cosas por primera vez. Y la composición del cuadro se reveló a los ojos de mi mente [...]. A pesar de ello, ese momento es un enigma que continúa siendo inexplicable. [...]
Aunque para mí, a efectos artísticos, todos los motivos son iguales, en este caso no se me ha pasado por alto que el objeto es único: primer puente transbordador del mundo y Patrimonio de la Humanidad. Esto marca una relación de indudable respeto.
Un proyecto fotográfico puede tener algo -o todo- de documental. El trabajo de investigación que he llevado cabo no está enfocado en absoluto a documentar gráficamente el Puente Vizcaya. Construyo una realidad fotográfica sobre un soporte que lo estudio, lo que me da pie a crear.
Son muchos los elementos que el Puente reúne y que me atraen como motivos fotográficos: estructuras metálicas, remaches, monumentalidad, el ambiente industrial de comienzos del siglo XX, el envejecimiento estético amable, la correcta conservación,... por citar algunos. Esto hace que me sienta no sólo cómodo fotografiándolo sino que sea para mí un motivo de disfrute auténtico.
En mi modo de fotografiar huyo de la improvisación. Este aspecto enlaza con algo que me parece fundamental: dedico el tiempo que considero necesario para empatizar con el motivo. Y cuando el motivo es materialmente generoso hay un sinfín de posibilidades dependiendo de los ángulos, la distancia, las luces… y consecuentemente muchas horas de dedicación.
El proyecto lo he definido en fotografías en blanco y negro. Así es. En mis fotografías presto gran interés por el cuidado del color, y sin embargo aquí lo descarto. Se da la paradoja de que planteo las fotografías en b/n para favorecer el color. Es una decisión muy meditada y la suma de varios factores. La luz, a lo largo del día, cambia de manera notable los matices del color; esto se puede interpretar como algo positivo (como lo hiciera Monet en su Catedral de Rouen) o negativo al contemplarlo como elemento distorsionador de la unidad buscada en el resultado final. El color rojizo del puente unido al cielo azul distrae, oculta, empasta lo que busco destacar y aislar: la estructura en su esencia más pura, los detalles constructivos, el juego sencillo de luces para acercarme a la abstracción,… El blanco y negro además evoca indudablemente el pasado, matiz que lo considero muy apropiado para este proyecto.
Hay veces que, casi sin querer y como al azar, se crean conexiones entre distintos elementos: una canción con un paisaje, una pintura con un poeta,… En mi toma de contacto con el Puente, apareció como traída de la mano la fotografía industrial de Germaine Krull y su libro Métal (este es el origen del título del proyecto). Conozco la obra de Krull. He profundizado desde hace bastante tiempo en su obra y entablado contacto con los custodios y estudiosos de su obra. En este proyecto me he centrado en su fotografía industrial, que es algo bastante bien limitado en el tiempo. Empaparme de lo que fue esta fase de su producción es un ingrediente nada despreciable para la referida búsqueda de sinergias con el Puente Colgante. Y “¿cómo habrían sido sus fotos del Puente?”, me he preguntado más de una vez. Podría buscar más referentes entre fotógrafos pasados y actuales, pero sería desviarme del concepto del proyecto tal como me lo he concebido. Y además, en este caso quiero rendirle un pequeño tributo a esta artista al centrarme especialmente en su obra.
La brillantez de Changing New York de Berenice Abbott es algo mundialmente reconocido y una inagotable fuente de inspiración. Lo considero el decálogo de la nueva visión de la fotografía urbana de la modernidad; esta vertiente de su dilatada y variada obra es la que siempre me ha fascinado y la que en este proyecto ha estado presente de continuo.
Hay un tercer elemento en consonancia con el Puente Vizcaya y que forma parte esencial del proyecto: los puentes transportadores construidos por Ferdinand Arnodin: los de Rochefort y Newport (existentes), y los de Rouen, Nantes y Marsella (destruidos). Me resulta como un devenir lógico crear una conexión entre estos puentes.
A lo largo de estas líneas he hablado del proyecto en presente. No es este un proyecto incompleto pero sí inacabado en cierto sentido. Lo considero completo pues está definido en sus múltiples facetas tanto conceptual como plásticamente. Y está desarrollado en lo que podemos considerar su núcleo: el trabajo fotográfico. El proyecto quedará completo con sus puentes 'hermanos' de Rochefort y Newport de Ferdinand Arnodin.