Este proyecto tuvo su origen de forma casual. Un atardecer de verano, visitando a un amigo artista en su estudio, observé todo un mundo de luces y sombras, colores y formas, que se creaba cuando los rayos del sol se proyectaban casi horizontalmente sobre el espacio donde se amontonaban pequeñas maquetas de sus obras. Ese fantástico mundo aparecía y desaparecía cada día en esa época del año durante escasos minutos. En consecuencia, el proyecto se gestó durante la estacón estival, sumando minutos día a día, pues el sol no espera paciente a realizar la fotografía.